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Mujeres vulnerables y princesas rusas

 

El pasado 24 de noviembre estuve en el Hotel de las Letras en la presentación del nuevo libro de Elvira Lindo Noches sin dormir. Un libro que me había leído en una noche, en cuatro horas. Un libro que me había gustado porque hablaba de Nueva York ciudad en la que Elvira ha vivido 11 años de manera diferente: contando su poderío pero también sus miserias y sus dificultades para la vida diaria. La ilusión de mi vida siempre ha sido vivir en Nueva York, aunque adoro Madrid y no creo que me mueva de aquí, pero me quedé un poco desilusionada al leer el libro y escuchar las palabras de Elvira. En el ascensor se lo comenté a otro periodista que también se había quedado tan desilusionado como yo con la ciudad.

Siempre he admirado a Elvira Lindo, sus artículos, su humor, su gracia y de todo lo que dijo en más de hora y media me impactó mucho oírla hablar de esa “aprensión que sentía a exponer su vida”. Dijo que cuando escribía se sentía vulnerable. Una idea que se metió en el cerebro y que no dejé de dar vueltas todos estos días.

Escribir te hace vulnerable.

Desde que terminé una novela seria que está por ahí dando vueltas, no había comenzado a escribir nada. Pero tengo que reconocer que el cuerpo me pide muchas veces escribir una novela divertida, romántica, muy diferente a las que caen en mis manos. Supongo que ya hay mucha gente que escribe historias sesudas, razonables, serias. ¿Qué tiene de malo que a mí me guste escribir novelas para entretener y entretenerme? ¿Escribo con pseudónimo como Connie Jett o Megan Maxwell (que por cierto se llama como yo Carmen)?

Bajo tus alas sigue en Amazon e incomprensiblemente después de tres años se sigue vendiendo, igual que Volando a ciegas y la gente me escribe y me pregunta por Mónica. La gente a veces me pregunta si me parezco al personaje. Y eso que Mónica era alta, pelirroja, azafata y no tenía nada que ver conmigo.

Escribir novelas de humor te hace más vulnerable. Estoy segura. Parece que si te gustan estas novelas no estás preocupado/a por todo (la tosferina, los atentados, la contaminación de Madrid, el cambio climático, el IVA cultural, la foto de Rajoy con el hijo de Suárez, la conciliación laboral, la gente aprovechada, la gente trepa, los problemas diarios, las desilusiones, los que no llaman…). A veces es Todo lo contrario. A veces se necesita un respiro, un kitkat en la vida.

Estuve pensando en escribir la tercera parte durante mucho tiempo pero la verdad es que no me salía. En la cabeza se me metió otra historia que ciertamente me sentía vulnerable (también una novela negra que tengo aparcada por el miedo que me da haber escrito algo así). Una mujer de cuarenta y tantos años, periodista, madre de los trillizos Mario, Julio e Isabel (no es el caso pero sí voy a corriendo a todas partes como una madre desesperada), separada desde hace cuatro años y con un exmarido que se va a volver a casar (tampoco es el caso), agobiada con los whatsapp de los tres grupos de madres (a veces sí es el caso), indecisa y con facilidad para perder cosas, con amigas que le cuentan sus penas, con un padre de ochenta años que dice lo que le viene en gana, con sentido del humor ante la adversidad (creo que sí es el caso)…

Ayer comencé a escribirla y llevo ya más de 20 páginas. Las ideas vuelan por mi cabeza y por el papel sin control. Están desatadas. He buscado nombres irreconocibles, lugares de Madrid que nunca he pisado, situaciones que nunca he vivido (pero me han contado 😉 ) pero sé que en el fondo estaré en mi nueva protagonista: en sus desastres, en su tacón roto cuando baja las escaleras de metro mientras el mendigo del albornoz la llama “buenos días mi bella princesa rusa” y en sus whatsapp mandados a la persona equivocada pero no por eso voy a dejar de escribirlo. Porque me gusta, me divierte y porque Julia aunque yo no quiera ya ha nacido y quiere vivir.

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