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Desayuno blanco

desayunoblancoComienza el 2013 y con él los despertares fríos de enero, las carreras hacia el cole con carteras mal cerradas, bufandas que se resbalan por los abrigos y semáforos en los que esperar. Miras las caras de la gente en los pasos de cebra y encuentras la misma preocupación marcada en las arrugas de la frente…
Yo lo he comenzado tranquilita. Con ganas de volver a mi mundo, lejos de las fiestas, de la gente, de las luces. Volver a este blog, a mis lecturas, a mi ordenador, a mi lugar secreto para desayunar.

Junto a esa ventana desayuné el viernes y pese a que había prometido volver al zumo de naranja me tomé un buen croissant con un café con leche. Ni las migas dejé, como se puede observar en la foto.

Esta ventana se encuentra en mi ciudad, entre el barullo y el ruido, entre las oficinas y la gente. A mí de vez en cuando me gusta ir allí y apoyar la frente en el cristal y mirar si ha cambiado algo. La pena es que en estos años no he hecho muchas fotografías. Me gusta porque veo que todo se va arreglando pero de una manera lenta, tranquila, casi perversa.  Como si nadie tuviese prisa en arreglar lo que se quemó en unas horas.

 

La pongo así tumbada para que nadie descubra donde se encuentra 😉

Allí pienso mucho en las nuevas aventuras de Marcelo y Mónica (dónde mejor que cerca de un rascacielos), en si vivirán juntos o cada uno en su apartamento, en si se pelearán o si se hablarán por Twitter, en si visitarán NY, en si se encontrarán con Alfredo…

He comenzado el año leyendo en dos tironesHablar solos de Andrés Neuman. Lo escogí por el título la verdad. Todos hablamos solos. Y yo demasiado me temo. A ver si este año hablo menos sola y salgo más. Frente al espejo del baño cuando me pinto, cuando estoy esperando en la cola de la Fnac a comprar un libro y veo a un antiguo compañero ahora periodista conocido en otra cola (¿Será él, no será él? ¿Será Carmen, no será Carmen? Nuestros pensamientos se entrecruzan), cuando bajo en el ascensor… incluso cuando la gente me está hablando. Un caso clínico.

 

Y al leerlo me di cuenta de que es de esos libros que me estaba buscando. Como señala Elena la protagonista: “Me pregunto si, quizá sin darnos cuenta, vamos buscando los libros que necesitamos leer. O si los propios libros, que son seres inteligentes, detectan a sus lectores y se hacen notar”. Podéis leer mi reseña en mi Top Cultural.

Sigo la polémica entre el artículo de Juan Cruz  (una pena que el periódico no haya habilitado comentarios…) y la respuesta airada de la Patrulla de salvación (¡Madre mía qué tensión!) y a través del ruido blanco y las balas creo reconocer una batalla sorda sobre el precio de los libros: ¿son caros para esta época de crisis? ¿se podría reducir o eso ya supondría otro peldaño en el descenso de la venta de libros, cierre de librerías…? Será 2013 un año para el debate.

También me he dedicado al curso de Community manager cultural que voy a impartir y que tanto me interesa. Miro libros, estadísticas, informes… El poder de las redes sociales es algo incuestionable a estas alturas. Saber moverse, utilizarlas, aprovecharlas es algo que todos tenemos que aprender.El último informe de la Fundación Telefónica señala “La comunicación interpersonal se ha digitalizado: nos comunicamos más en redes sociales que en persona” 

 

No lo dudo. Yo por lo menos. E incluso a veces me descubro incluyendo comentarios que no contaría ni a mi mejor amigo/a… Curioso fenómeno. Pienso en las personas que me encuentro en los semáforos y en lo que dirán en sus Facebooks y Twitters. Pienso en cómo la gente enseña a sus nuevas novias en Twitter, descubre secretos, lanza ideas…

 

Hoy sin ir más lejos he escrito uno sobre la terrible muerte de Manuel Mota:

 

  1. Me parece tan triste la muerte de Manuel Mota, gran persona y mejor diseñador. Terrible muerte. 

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